Actuar, Orar y Pensar

Díficil unidad...

ACTUAR, ORAR Y PENSAR!

Hay oportunidades en la vida que no suelen presentarse con frecuencia. Convencidos de aquello y aprovechando la fugaz visita que nos hiciera en diciembre el maestro Buenaventura Pelegrí, antiguo y muy querido ex asesor latinoamericano y mundial del MIEC y la JECI, Andrés Jacobs y Ana Cosamalón lo entrevistaron sobre el tema de la formación. Estas son sus palabras.

La formación en el Movimiento ha sido siempre el intento de desarrollar integralmente todas las dimensiones constitutivas del militante como ser humano, es decir, tanto su aspecto intelectual como el plano de su voluntad y decisión para la acción. Sin perder de vista la dimensión de la afectividad que, pese a su extraordinaria importancia, no mereció hasta ahora una preocupación especial a nivel formativo.

En algunos lugares, sin embargo, esta formación pone énfasis sobre todo en el aspecto intelectual, transmitiendo contenidos y preocupándose por la capacidad de asimilación de la gente. Pero la formación no puede desarrollarse sobre la base de una actitud puramente receptiva, pasiva y acumulativa. Desde el primer momento tiene que estar referida, en efecto, a un conjunto de conocimientos, pero también, simultáneamente, a la acción, a la práctica transformadora. La gran y eterna discusión, con la que me ha encontrado en los más diversos ambientes eclesiales, está en la discrepancia por ¿qué debe darse primero la formación o la acción? ¿la conversión o la transformación del Mundo?. Nuestra intuición como Movimiento está en señalar que ambos son procesos que se dan simultáneamente, pues nos vamos formando intelectualmente en la medida que vamos vamos actuando sobre la realidad, empezando por la más inmediata a nosotros, y en la medida que vamos reflexionando esta situación, vamos echando mano del acerbo de conocimientos disponible y del contenido del mensaje cristiano. Es esta acción reflexionada, revisada, la que paulatinamente va a desarrollar estas capacidades del ser humano. Es la dialéctica acción-formación-acción la que forma, de ninguna manera la acción pura o el solo estudio intelectual. La acción sin reflexión hace activistas, la reflexión sin acción hace teóricos intelectualista.

Los desbalances o deformaciones en la articulación de estas dos dimensiones obedece a muchos factores, pero también en parte a temperamento personales. Hay personas que son activistas por naturaleza y les resulta extremadamente difícil ponerse a reflexionar sobre lo que hacen, asaltándolos incluso el sentimiento de estar perdiendo su tiempo. Están más predispuestos para hacer cosas, las más posibles y cuanto más rápido mejor. Pero también es verdad que, en contrapartida, como la acción nos compromete e incluso –en ciertas etapas y circunstancias de la vida- nos puede implicar consecuencias muy duras, es relativamente fácil encerrarnos en la formación teórica, conformándonos con el espejismo de un compromiso futuro posterior: primero nos formamos, después actuaremos.

Tengo una anécdota muy ilustrativa a propósito de lo que venimos diciendo. Sucedió que un día, estando ya cinco años como rector de un Seminario allá en España, fui nombrado asesor de la Acción Católica. Fue una excelente oportunidad para re-encontrarme con mis antiguos compañeros de militancia de la AC, que a pesar del tiempo transcurrido desde nuestra juventud continuaba repitiendo “formémonos que después actuaremos”. Ahora que he vuelto a mi diócesis después de 25 años de andar por el mundo, visité la vieja Acción Católica de San Genaro – que ya son pocos los que quedan – y me volví encontrar con sorpresa que después de 40 ó 50 años, seguían formándose, porque.. “después actuarían”. Evidentemente, nadie va a creer que estos amigos en tantos años no hicieron nada y sólo se dedicaron a formarse. Pero estaba claro cuál era el énfasis en su concepto de formación : acumular conocimientos.

Siempre hay, entre los jóvenes, la posibilidad de estas dos tentaciones. Aunque para la juventud sea más fuerte, en realidad, la tentación al activismo, como lo es para el adulto encerrarse en una formación teórica, excluyente además de la acción que compromete y complica la existencia. El movimiento por su parte, siempre mantuvo como principio la unidad de ambas dimensiones: acción-reflexión. Y Cardjin, fundador de la JOC, sostenía que la reflexión multiplicaba la eficacia de la acción.

Al interior de la propia JEC me encontré en una oportunidad con una religiosa irlandesa, asesora del Movimiento, que me confesó desilusionada: ”Estos latinoamericanos se pasan la vida reflexionando, cuando lo que hay que hacer es actuar”. Yo respondí. “Si Ud. Esta reflexionando sin actuar, en efecto, está actuando sólo teóricamente contra el sistema. Pero si Ud. No reflexiona lo que está haciendo, su actuación está igualmente fortaleciendo el sistema”.

Es necesario, pues, reflexionar la acción, si no queremos caer en la trampa de quedarnos actuando sin la menor eficacia transformadora, que es el sentido de fondo que buscarnos atribuir a nuestros actos.

LOS GRUPOS DE ACCION

Sucede muchas veces que los militantes encuentran fácilmente compañeros que comparten con él la misma voluntad de acción y compromiso, no siendo necesaria ni activamente cristianos y no estando por tanto interesados en la dimensión de fe.

Entonces constituyen un grupo de acción que no sólo realiza una práctica común sino que además reflexiona sobre ella. Pero será el Movimiento el que ofrecerá a este militante la posibilidad de en un grupo distinto (llámese célula, comunidad, equipo de base, etc; según las propias costumbres), volver a revisar esa práctica a luz del Evangelio, con momentos de oración, etc. para volver luego a su grupo de acción con una visión más profunda, con disposición incluso para corregir actitudes y tal vez mayor capacidad de reflexión sobre la acción común.

Recuerdo que en la ciudad de Cali, allá por 1968, habían militantes del Movimiento que dirigían asambleas estudiantiles con el esquema RV: ver / juzgar / actuar. La reflexión de la práctica, más aún en nuestro caso que es una reflexión desde la fe, constituye pues un elemento enriquecedor de la acción y un factor de madurez para el militante.

FORMACION Y REVISION DE VIDA

Cuando nosotros reflexionamos nuestra práctica, analizamos la realidad y buscamos conocer sus causas y consecuencias, sea a nivel personal o social, con una cierta profundidad. Incluso vamos más allá, deteniéndonos a observar las actitudes de los militantes y del resto de personas involucradas en el hecho que es materia de análisis. Es el momento del VER.

Pero luego nos preguntamos: qué vería Jesús en esta situación? ¿cómo la interpretaría? ¿qué es la que haría? ¿concordaría con las actitudes que asumimos?. Responder a estos interrogantes hace posible que la reflexión de los militantes se aproxime a los Evangelios o, al menos, a la idea que de ellos tienen. Y es el momento más adecuado para la intervención del asesor (o de quien tenga un mayor conocimiento bíblico), para que ayude a estos muchachos a descubrir, entre otras cosas, los límites de su conocimiento de la Palabra y trayectoria de Cristo. Esta sola experiencia, que constituye el momento del JUZGAR, ya está aportándoles formación específicamente cristiana y no de una manera teórica sino en respuesta a una cuestión que proviene de la vida y de nuestra acción en ella. La RV puede, así, no solamente iluminar y esclarecer a la gente sino también crear conciencia de la necesidad de una mayor formación e información en muchos campos, dando la pauta para la creación en el Movimiento de espacios de respuesta en ese sentido. Algo así como “momentos catequéticos” fuertes a desarrollar. Ejercicios espirituales por ejemplo, tres o cuatro días de retiro en los cuales se puede hacer oración y, por ejemplo, una reflexión sobre las grandes líneas de la Historia de la Salvación.

La RV es, pues, en mi concepto, el núcleo de la formación en el Movimiento, es el espacio que mantiene constantemente vivas las preocupaciones vivas las preocupaciones de la formación en todos sus niveles, teóricos y prácticos. Sin embargo, los momentos de RV son cortos y no pueden aportarlo todo. Además, por referirse siempre a hechos concretos de la vida del militante, se carece necesariamente de una sistematización, que no se puede realizar tampoco durante el VER sin tener que postergar indefinidamente el paso a los otros momentos de la revisión. Es por eso imprescindible que antes y después de la RV existan momentos intensos de formación intelectual, de modo que aporte elementos para la comprensión y el análisis de la sociedad en sus aspectos estructurales y coyunturales. Poseer este bagaje en definitiva, a realizar un ver con menos y más precisas palabras.

Lo mismo ocurre con la dimensión de celebración de la fe. Como la RV no permite, en sus estrechos marcos temporales, realizarla en profundidad, sí va a exigir (debería exigir) momentos amplios e intensos de celebración. Además, las Eucaristías se enriquecen siempre con el aporte de jóvenes que hacen RV pues participan alimentados de experiencias concretas y de una reflexión cristiana.

El reducido espacio de una RV no permite desarrollar todas estas dimensiones, pero las suscita, las exige. Su existencia en el Movimiento enriquece la revisión y, por supuesto, la formación de los militantes.

En algunos lugares, como la JOC española, se practican por ejemplo “reuniones de estudios del Evangelio”. Es una iniciativa que tiende a expandirse mucho actualmente y nace de la constatación de limitaciones en el conocimiento del Evangelio para el momento del juicio cristiano en la RV. Se le estudia, entonces, temáticamente, con la ventaja de hacerlo entre las personas que practican la Revisión de Vida, que tienen experiencia en este esfuerzo de iluminar la acción con las Escrituras y, por lo tanto, que mantienen viva la dimensión de la pregunta en su reflexión.
En este proceso, el aporte de un asesor o un cristiano adulto en el grupo es realmente imprescindible, si no queremos perder el tiempo en acuerdos tontos, absolutamente inexactos. Cristianos adultos digo, en el sentido de una madurez cristiana derivada de la formación y no simplemente de la edad; entendiendo esta formación integralmente, incluyendo las actitudes vitales, la capacidad de compromiso y la aceptación del riesgo.

LA DIMENSION PROFESIONAL

La formación específica que ofrece el Movimiento es la formación cristiana, que ayuda a descubrir el sentido de la vida en Jesucristo en el mundo de hoy. El resto de la vida, todos los aspectos relacionados a la condición vital de las personas, su condición de hijos e hijas, de novios o novias, de cónyuges y padres o madres, etc. no los da el Movimiento aunque debe asumirlo e iluminarlo a luz de la fe.

Lo mismo sucede con la dimensión del trabajo. Toda persona humana trabaja y lo hace durante la mayor parte de su tiempo. Pero el Movimiento no organiza el trabajo de sus militantes, lo acepta y asuma buscando darle un sentido cristiano. En el caso del estudiante, el trabajo es el estudio. Pero la articulación de esta formación profesional con una perspectiva de acción dependerá en parte de la carrera elegida, de las condiciones y posibilidades que ofrezca la Universidad y el propio país; pero también en parte de la voluntad del estudiante por buscar o crear alternativas en esa dirección.

La otra dimensión es la política. Nuestra inserción en la sociedad, y más aún en este tipo de sociedad, nos exige una formación política muy definida. Pero el Movimiento no tendría por qué darla. Lamentablemente, aunque cada militante debería procurarla fuera en principio, eso no siempre es posible, sobre todo allí donde la propia sociedad cierra esos espacios y oportunidades. Es entonces cuando entramos a jugar un rol de suplencia, organizando reuniones para analizar la problemática social, política, etc. cuando lo que debiera estar haciendo es iluminar esa problemática a la luz de la fe, para después traducirla en vida espiritual. Pese a todo, el Movimiento no podría ofrecer, aunque se lo propusiera, toda la formación que los militantes deben buscar en los diversos terrenos de la vida.

ORACION Y REVISION DE VIDA

El VER de la Revisión de Vida se puede abordar de muchas maneras. Aunque la realidad sea siempre la misma, el sociólogo la percibirá de manera, diferente a un economista o a un artista. Pero el ver de la RV es necesariamente el ver cristiano, y su identidad como artista, sociólogo o economista no variará este hecho. Si la realidad se observa y analiza en el marco de una RV, el ángulo de visión será siempre el de un cristiano y, por lo tanto, mantendrá una apertura fundamental a su dimensión de misterio.

A esta dimensión de misterio no se accede con la razón sino con la luz del Espíritu para ver esta realidad con los ojos de la fe. En otras palabras, sólo la oración es el camino para alcanzar la gracia de aquel mismo Espíritu de sabiduría, inteligencia, fortaleza, consejo y temor de Dios que llenó Jesús de Nazareth.

SPES 63-64 1989 .
ACTUAR, ORAR Y PENSAR
BuenaventuraPelegri