Interrogando el Proyecto: ¿De qué formación hablamos?

¿Qué es y en qué consiste la formación en un Movimiento como el nuestro? ¿Cuáles son los criterios y las referencias que debemos tener presentes al momento de formular un Plan de Formación para nuestros miembros? Aunque estas preguntas no encontrarán siempre una misma respuesta, el Equipo de este Secretariado quiso expresar su reflexión al respecto.

Echar una mirada sobre el camino recorrido por nuestro Movimiento en América Latina, permite comprobar que una de sus características más importantes ha sido la de tomar cristianos comprometidos con la transformación de toda expresión de injusticia y opresión; y con la construcción de una sociedad distinta.

Esta formación recibida por nuestros miembros ha dependido, en sus rasgos más específicos, de las distintas épocas y contextos históricos vividos por el Movimiento y de las consiguientes prioridades que correspondieron a esos momentos, en su búsqueda de fidelidad a su misión evangelizadora. Para nuestro Movimiento, la práctica ha sido siempre la fuente esencial de su espiritualidad. Aquello que denominamos compromiso concreto ha constituído la manera de hacer realidad el amor por el otro. Pero hoy en el Movimiento se vuelve a tomar conciencia de la necesidad de contar, simúltaneamente,con una formación acorde con las exigencias de ese compromiso y del medio específico en el que realizamos nuestra tarea evangelizadora.

EL MOVIMIENTO COMO ESPACIO DE FORMACIÓN

1. Si el Movimiento es una comunidad que evangeliza, su pedagogía tiene como objetivo formar miembros con una espiritualidad liberadora, cuyo eje sea la Revisión de Vida (RV). Pero la RV es también un espacio privilegiado de formación en la fe cristiana, que atraviesa todos los aspectos de la vida del miembro y que necesita ser traducido en una vivencia y práctica comunitarias.

2. La comunidad es siempre una referencia fundamental en todo el proceso de formación y particularmente en la Revisión de Vida, pues sin comunidad no puede aplicarse. La riqueza de conocimientos y experiencias aportadas por la formación no puede ser asumida sólo de manera personal sino también colectivamente, al interior de la comunidad cristiana, que es quien va descubriendo en cada momento qué acentos y prioridades corresponden mejor a la necesidad de anunciar eficazmente la Buena Nueva.

3. Una de las funciones básicas de la comunidad será la revisión del compromiso. Pero esta revisión, que busca mejorarlo, cualificarlo, necesita ser sustentada en una formación que ayude a discernir, explicar y percibir los auténticos caminos de la liberación, así como el rol y las ubicaciones que debemos asumir como Movimiento en ese proceso. El objetivo es, en efecto, ir forjando al miembro como una persona comprometida. Pero, simultáneamente también, como hombre y mujer maduros, con espíritu y calidad cristiana, responsables de la fe y la vida de los otros. Pese a las dificultades, el Movimiento ha resultado siempre un espacio privilegiado de formación –que educa y evangeliza- en donde el compromiso de sus miembros ocupa un lugar fundamental.

4. Si bien es verdad que la Revisión de Vida posee un carácter esencialmente formativo, la formación no se agota en ella. Hacer de esta formación una actividad más amplia, profunda y eficaz, requiere la búsqueda de otros espacios que nos aporten los elementos que hagan falta para ver, discernir y actuar de mejor manera.

Existen temas que a veces exigen de nosotros una urgente aclaración o profundización, sea que se relacionen a la propia RV, la Biblia o la teología, como al contexto social o nacional en el que estamos insertos. Temas que se van seleccionando o priorizando de acuerdo a un conjunto de factores y realidades particulares. Pues bien: es responsabilidad del Movimiento procurar estos espacios de discusión para sus miembros o estimular su búsqueda y aprovechamiento de la manera más seria y sistemática. Espacios eclesiales, estudiantiles o políticos objetivamente existentes muchas veces y que ayudan a desarrollar visiones y caminos en la misma perspectiva de nuestro proyecto.

PROYECTO DE MOVIMIENTO

Lo que hemos enunciado hasta aquí constituyen rasgos de nuestro proyecto en lo que atañe a la formación, pues somos una comunidad que posee un proyecto como Movimiento evangelizador de estudiantes. Nuestro proyecto abre al miembro la posibilidad de crecer y desarrollarse con otros en vida comunitaria, en conciencia y solidaridad local, nacional, latinoamericana y mundial, llevándole desde el hecho concreto a lo universal desde lo barrial a lo nacional y continental, desde la Iglesia local a la dimensión de Iglesia latinoamericana y universal, desde lo que puede interpretarse urgente hasta aquello considerado de largo aliento.

En la apropiación de este proyecto y en el proceso de la formación misma, la memoria es un aspecto de gran importancia. Porque no se trata simplemente de recordar acontecimientos del pasado sino de sistematizar y hacer presente experiencias fundamentales que puedan ser confrontadas con nuestras realidades y experiencias actuales.

NUESTROS CRITERIOS, REFERENTES E IDENTIDAD

Ahora bien, nuestro proyecto se desarrolla con criterios y referencias básicas, formulados desde la especificidad de nuestra identidad y rol como movimiento de Iglesia.

a) CRITERIOS

Nuestra formación nos da posibilidades que debemos reconocer y asumir en el espíritu de la sabiduría del Reino, como es la capacidad de servir. Servir con gratuidad, fidelidad, esperanza y amor preferencial por los pobres de nuestro pueblo. Servir al mundo de los pobres y sus organizaciones es, justamente, lo que estimula la responsabilidad de formarnos, de defender la vida, de transformar nuestra situación de injusticia y miseria y de cambiar cualitativamente el propio medio estudiantil desde la perspectiva de los que menos tienen. Debemos servir acogiendo la sabiduría popular, confrontándonos con ella, asumiéndola como parte del proyecto de los pobres. Allí como los “poderosos” tiene sus cuadros profesionales e intelectuales que van desarrollando nuevas maneras de mantener sus privilegios, nuestro aporte debe estar al lado de la organizaciones de los pobres. En suma, el servicio debe ser transformador, exigente, serio y sistemático, para que pueda ser un aporte eficaz.

b) REFERENTES

Los referentes de nuestro proyecto son Dios y su Reino, el mundo del pobre, nuestro ser Iglesia y el desafío de evangelizar hoy el mundo estudiantil.

- El pobre: El gran desafío que sigue vigente en América Latina es enfrentar y eliminar la pobreza de las grandes mayorías. Los caminos para transformar radicalmente esta situación nos exige repensar y precisar los significados y contenidos actuales del proyecto liberador; y preguntamos simultáneamente si nuestra formación responde a esa exigencia. Se nos demanda mayor precisión en la tarea: ¿cómo hacer que los pobres sean realmente sujetos de su historia?, ¿qué aporte específico damos en este sentido como estudiantes?, ¿qué herramientas de análisis de la realidad nos van a aproximar a un mejor conocimiento de ella, en toda su complejidad y también en su dimensión de esperanza?, ¿cuáles son los caminos concretos a seguir en esta dirección?

- El Reino: Nuestra formación tiene como referencia la sabiduría del Reino manifestada en Jesucristo y que se expresa en los rostros sufrientes y esperanzados de los pobres. Tener sabiduría significa conocer al Señor, profundizar la relación con él, reconociéndolo en la historia. Exige un conocimiento, estudio y reflexión seria, profunda, de su Palabra y su presencia. El Señor nos interpela y nos llama a encontrar, en lo pequeño y lo grande, los signos de los tiempos; y a vivir también nuestro compromiso con coherencia cristiana.

- La Iglesia: Nuestra identidad eclesial nos exige un conocimiento serio de la vida y de las tareas de la Iglesia, es decir, una seria y real profundización de las diversas corrientes teológicas, eclesiológicas y pastorales, que se debaten en ella. Sobre todo las que tienen que ver con el aporte y papel evangelizador de nuestro Movimiento, desde la opción preferencial por los pobres.

- El mundo estudiantil: Hoy más que nunca nos vemos desafiados por el medio estudiantil, que constituye nuestro espacio especifico de evangelización. Está planteado nuestro “retorno” a aquel, pero con respuestas concretas y eficaces. Este retorno o reafirmación de nuestro compromiso por evangelizar el medio estudiantil pasa, por lo tanto, por reconocer que es un medio en cierto modo abandonado por nosotros, cuya dificultad y cuya crisis reconocemos (sobre todo a nivel universitario). Pese a todo, continúa siendo un reto que no podemos dejar de asumir. Hay que estudiar con rigurosidad sus características, pero aprovecharlo, al mismo tiempo, como espacio de formación, sabiendo proponer un proyecto de universidad y escuela verdaderamente liberador. Recuperar el medio estudiantil como espacio propio de evangelización requiere, pues, una formación teórica que acompañe el compromiso.

c) NUESTRA ESPECIFICIDAD

¿Cuál es el aporte específico que como Movimiento de laicos y estudiantes cristianos nos toca dar a la Iglesia a la sociedad, y en especial al mundo estudiantil? Como parte del amplio proyecto de liberación de los pobres, debemos recuperar el sentido de nuestro aporte en tanto intelectuales orgánicos:

- Una tarea es, precisamente, recoger y sistematizar la memoria de las luchas y sistematizar la memoria de las luchas de los pobres y de las propuestas que surgen desde ellas, haciéndonos posible dar razón de nuestra esperanza. Debemos plantear alternativas que surjan de la discusión con otros miembros del movimiento estudiantil.
- Hoy también se nos exige responsabilidad en la formación académico profesional y buscar articular esta dimensión de nuestra identidad con el compromiso liberador. Nuestros estudios deben constituir un instrumento de servicio en la perspectiva de nuestros referentes, en términos de la sabiduría del Reino y de la necesaria eficacia transformadora de nuestra práctica.

Por último, debemos profundizar cuál es nuestro aporte a la Iglesia como Movimiento de estudiantes cristianos que quieren ser fieles a los pobres y hacer verdad esta fidelidad en toda la Iglesia. Desde nuestra especificidad, tenemos que articularnos sobre todo con aquellos Movimientos o grupos cercanos un compromiso y en opciones, trabajando coordinadamente y con perspectivas claras. Y si bien es cierto que nuestra identidad, eclesial y estudiantil, no nos otorga superioridad ni inferioridad respecto a otras comunidades afines, tenemos una tarea propia y una trayectoria amplia que merece y debe ser transmitida.

A MANERA DE CONCLUSIÓN

El reconocimiento de la necesidad de enriquecer la formación que hasta ahora hemos adquirido representa una tarea urgente para el movimiento. Si el compromiso del miembro constituye la clave fundamental de nuestra pedagogía, se hace imprescindible enriquecer ese compromiso con elementos que ayuden a hacerlo un servicio eficaz.

Revalorar, sin embargo, los elementos académicos y profesionales de la formación, para muchos tiene sus riesgos. En efecto, el llamado “teoricismo” puede ser tan nocivo como el “activismo”. Es un desafío que, en nuestro caso, asumimos y enfrentamos sin temor, pues es una exigencia que proviene de nuestra propia práctica y de la realidad. Es, además, una responsabilidad que nos demanda el Evangelio, el mundo del pobre, y la misma situación del medio estudiantil en el momento actual de América Latina.

Muchos sectores desvalorizan el papel y la presencia de los estudiantes e intelectuales en las organizaciones populares, por temor a que se conviertan en los que “enseñan y no escuchan”. Aquí hay que poner énfasis en dos cuestiones: en primer lugar, nuestra tarea como estudiantes tiene que estar en todo el momento al servicio de los pobres en la perspectiva de un proyecto, al que todos podamos aportar de acuerdo a nuestras capacidades y línea profesional, en segundo lugar, nuestra convicción y nuestra apuesta fundamental al interior de este proyecto es por hacer posible que el pobre se convierta realmente en sujeto de su historia. El proceso de liberación es un proceso amplio cuya condición de autenticidad reside en nuestra capacidad de ser sujetos y agentes, de participar en él a plenitud aportando cada uno su propia especificidad.

Estando claras nuestras referencias, se trata de ir construyendo una visión realista de la situación y las posibilidades de nuestros propios países, de entregarnos gratuitamente y con espíritu de servicio sin perder la eficacia, de asumir nuestra presencia como estudiantes cristianos en la encrucijada actual de América Latina como testimonio del seguimiento de Jesús, en un camino de verdad y vida.

Secretariado Latinoamericano MIEC-JECI
Texto publicado en la Revista SPES 63-64 de 1989.