Movimientos de A.C. especializada en el siglo XXI. Aportes para la reflexión

Este Memo. es una primera aproximación, y debe ser complementado tanto por la discusión interna del MIIC como por las discusiones con los otros Movimientos participantes del proceso de discusión.

I – ENFOQUE DEL TEMA.

Partimos de la convicción de que nuestros Movimientos son pertinentes y útiles para el futuro, que “tienen algo que decir y que hacer” en la Iglesia y en la sociedad. A la vez, somos conscientes de que se encuentran desafiados y sufren dificultades en su propia estructura y en su relacionamiento con el contexto.

No es nuevo, ni en la Iglesia ni en la sociedad, que grupos portadores de fuertes intuiciones, que asumen un rol protagónico en determinadas coyunturas y contextos, difundan su mensaje más allá de sus propias fronteras, sufran cuestionamientos provenientes de los cambios de contexto en que surgieron, y caigan en una cierta perplejidad hasta que logren redefinir sus intuiciones básicas y su función.

Nuestros Movimientos de Acción Católica Especializada nacieron con un fuerte carisma y una definida identidad, en un contexto socio-eclesial específico. Para cumplir su misión se dieron, en su origen, una determinada organización y usaron determinados instrumentos.

La tormentosa historia del siglo XX, y la intensa dinámica eclesial que lo caracterizó, principalmente en torno al Concilio Vaticano II, han generado radicales cambios en el contexto en el que se desenvuelven nuestros Movimientos. Algunos de esos cambios, debe decirse, en buena medida se debieron a ellos y a su influencia.

Hoy el desafío es revisar desde la raíz sus intuiciones básicas a la luz de los signos de estos tiempos de comienzos del siglo XXI. No se trata solamente de revisar cuestiones internas, del tipo de los métodos de convocatoria, la organización estatutaria, los recursos a movilizar, las relaciones con otras instancias eclesiales y los modos de presentar su propuesta ante la sociedad.

Se trata de ir a la raíz, esto es, de analizar los signos de los tiempos actuales y las tendencias de futuro, y de profundizar en las intuiciones básicas que dieron origen a nuestros Movimientos, reformulando desde ahí su carisma, su misión, su identidad.

II – PERSPECTIVA GENERAL.

La Acción Católica surge en su momento, por la necesidad de revitalizar la pastoral de la Iglesia y de redefinir su relación con la sociedad.

Más específicamente, los Movimientos especializados por “medios” sociales, surgen de la percepción de que la diferenciación de la sociedad hace necesaria una presencia cristiana adaptada a las características de esos “medios”, donde la descristianización es evidente.

Son los cristianos provenientes de esos “medios” quienes desempeñan en ellos la misión eclesial (el “apostolado del semejante por el semejante”). Y la misión no se agota en la búsqueda de la conversión de los individuos, sino que conlleva una propuesta y una práctica de transformación del propio “medio”, esto es, de la sociedad, conforme a los valores evangélicos, que es inseparable del proceso de edificación de la comunidad eclesial.

La “promoción del Laicado” tiende, como proceso, a una reformulación global de la presencia de la Iglesia en el mundo, a la revalorización del Bautismo, a una preeminencia de la autoçomprensión de la Iglesia como Pueblo de Dios peregrino en la historia, a una eclesiología de comunión y de sinodalidad, a la vivencia inculturada de la realidad cristiana.

Los procesos que se van viviendo en la sociedad a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, inciden directamente en esta concepción de la “Promoción del Laicado”. La reconstrucción de postguerra, la guerra fría, la descolonización, la democracia política, los procesos económicos, las propuestas de desarrollo y la lucha contra la pobreza, generan, a nivel local y a nivel global, renovados desafíos.

La apertura universal a las diversas culturas, las guerras regionales (Medio Oriente, Vietnam, Centroamérica), la postmodernidad, la caída del sistema soviético y la globalización, el surgimiento de la “sociedad civil”...hacen estallar el horizonte mental y sacuden las concepciones de los tiempos de la fundación de nuestros Movimientos.

En la Iglesia, el gran movimiento de “vuelta a las fuentes” y de “aggiornamento”, con sus aristas de apertura ecuménica y de conciencia renovada de la injusticia social, que caracterizan al Concilio Vaticano II, y las consiguientes renovaciones en la teología, en la catequesis, en la pastoral, reflejan y a la vez conducen a una profunda reformulación de la autoconciencia eclesial.

Importa señalar los “giros copernicanos” en algunos aspectos clave: La Iglesia se ve como misterio, comunión y misión, como Pueblo de Dios peregrino en la historia y en continua reforma -y no ya como “sociedad perfecta”-; y la espiritualidad rescata sus más profundas raíces de seguimiento de Cristo en el Espíritu, que abarca la vida en todas sus dimensiones, superando su reducción a las solas prácticas de piedad y a una cierta búsqueda de la huída del mundo.

Todo ese torbellino de cambios torna banales, por su difusión muy amplia, muchas intuiciones básicas que presidieron el surgimiento de nuestros Movimientos. Envejece banderas y desfleca ilusiones. Hace perder espacios de convocatoria y de acción, que pasan a otros actores sociales y pastorales: las estructuras territoriales, las comunidades eclesiales de base, las organizaciones no gubernamentales, los movimientos sociales y los partidos políticos, las pastorales especializadas de las diócesis y de algunas Conferencias Episcopales.

Asistimos al surgimiento de nuevos actores y a una nueva división del trabajo. Ante la diversidad de campos y de cuestiones, aparecen tendencias a especializar con otros criterios y a simplificar: movimientos de espiritualidad, de apostolado, de formación, de acción social. Ante la complejidad de los análisis y las reinterpretaciones, aparece un cierto requerimiento de certezas y simplificaciones. Ante el torbellino de búsquedas, las propuestas de retorno a “la gran disciplina”.

La cuestión, entonces, es: ¿cómo resituarnos, como Movimientos de Acción Católica especializada, en ese contexto socioeclesial tan distinto al de nuestro surgimiento?

Para abordarla, quizás sirvan las pistas que siguen:

*En los momentos fundadores se percibía, antes que nada, una gran necesidad, un espacio a llenar, un desafío inaplazable a responder, lo que también significaba una misión a cumplir y una bandera para convocar. De allí surgía la conformación de los movimientos, su estrategia, sus énfasis, su modo de relacionarse con el entorno. Eso nos indica que antes que nada, debemos indagar en esa necesidad, que lo es a la vez de la sociedad y de la Iglesia.

*La revisión de vida es a la vez una espiritualidad y un método. Como espiritualidad, apunta a encontrar a Dios en todas las dimensiones y acontecimientos de la vida, con apertura a lo imprevisto y “fidelidad al objeto”, más que a la receta o a la interpretación preformulada. Apunta a movilizarnos para el seguimiento de Cristo en las circunstancias concretas de la vida, a profundizar una conversión continua y lúcida que conduzca a una acción bien orientada y eficaz, al “compromiso”, a un cambio de vida y del contexto social de la vida según el Evangelio.

Como método, (método activo, formación en la acción, ver-juzgar-actuar), es un camino abierto, no un recetario ni un ritual fijo. Debe abrirse a múltiples modalidades y ritmos, y a su puesta en práctica en muy diversas situaciones (desde la revisión en pequeño grupo, hasta la Gaudium et Spes, pasando por Medellín y por la Mater et Magistra).

*Desde cada uno de los Movimientos participantes en este proceso de revisión, habría que identificar ese núcleo central de la misión para hoy y para mañana. La “familia de los Movimientos”, según las diversas especializaciones, se construye con lo que hay de común en lo que cada uno formule.

* Para el proceso de reflexión que hemos puesto en marcha, sería útil acordar un cuestionario temático amplio y una metodología de reflexión y consulta.

III – ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL MIIC.

El MIIC surge en 1947, como rama de graduados de Pax Romana (MIEC, 1922). Se habla entonces de “los intelectuales en la cristiandad”, del aporte de los profesionales cristianos a la reconstrucción europea, de las cuestiones culturales, de los desafíos de las ciencias a la fe, del ateísmo y la doctrina social de la Iglesia.

Además de esa característica de reunir a graduados cristianos dentro del marco de la Acción Católica, las sesiones de estudio, los grupos de trabajo sobre temas específicos, los secretariados especializados y la interlocución oficial con las recién nacidas organizaciones internacionales de la familia de las Naciones Unidas, le dan contenido a su tarea.

Pronto avanza hacia América Latina, Asia y Africa, adquiriendo verdadera dimensión internacional.

Desde fines de la década de los 50, se incorporó a las corrientes que preparaban, todavía sin saberlo, el Concilio Vaticano II. Participó activamente en su preparación, en su celebración y en su puesta en práctica.

A partir de los años 60, particularmente a través de su relación con la JEC tanto a nivel internacional como en algunos continentes, acogió ampliamente la perspectiva de la Acción Católica Especializada, su teología y su espiritualidad: la “tradición Cardijn”, los análisis sociales de Economía y Humanismo, fueron renovando profundamente al MIIC, sin que perdiera ni dejara de lado su pluralismo metodológico y la diversidad de sus instrumentos de formación permanente.

Desde América Latina, en los años de la Conferencia de Medellín, profundizó en la opción por el pobre y en la perspectiva de un compromiso cristiano liberador; repercutieron en el Movimiento los temas de la evangelización de las culturas y de la inculturación de la fe; y en situaciones de conflicto, se desarrolló desde Ginebra, con importantes apoyos de movimientos locales, un trabajo constante sobre Derechos Humanos.

Hoy están superándose algunos conflictos internos que tuvieron lugar en los 80, y el sentido problema del envejecimiento de sus miembros, ya que se nota claramente un recambio generacional, que ayuda a replantear el Movimiento hacia el futuro.

Puede decirse que el MIIC está activo como Organización Internacional Católica reconocida por la Santa Sede, y como Organización Internacional No-Gubernamental
con estatuto consultivo con Naciones Unidas.

Tanto a nivel local como global, desde los grupos de contacto y las federaciones nacionales y desde el equipo internacional, ha optado por actividades de formación permanente, de animación del compromiso y de propuesta y denuncia ante las instancias de decisión (“formation, animation, advocacy”). Normalmente, actúa conjuntamente con otras organizaciones de similar inspiración.

Los campos de trabajo prioritarios, o áreas de testimonio, pueden describirse como: Derechos Humanos, Lucha contra la pobreza, Desarrollo sustentable, Cooperación intercultural e interreligiosa para la justicia y la paz.

Una fuerte inserción en las Iglesias locales y en las instancias de la Iglesia universal, nos ha conducido a apoyar a los Obispos y a trabajar junto a ellos para la preparación y realización de los Sínodos continentales. Estamos activos en los temas de inculturación de la fe y de diálogo ecuménico e interreligioso.

Como perspectivas de futuro, seguimos priorizando en trabajo en Asia y Africa, mejorando la comunicación interna con mayor uso de las nuevas tecnologías de comunicación, y pensamos en la utilidad de una reflexión como ésta en las diversas instancias del Movimiento.

Patricio Rodé
Uruguay