Historia de la UNEC (1991)

Seminario

Cuando en agosto de 1941 un grupo de estudiantes crearon el primer núcleo de la Unión Nacional de Estudiantes Católicos, les guiaba una preocupación que es central a lo largo de toda la historia del movimiento: anunciar el Evangelio en el ambiente universitario y hacerlo desde una comunidad cristiana de personas comprometidas en la construcción de la justicia y la fraternidad.
Esta perspectiva es la que ha generado una historia, un proceso de búsqueda de lo que el mensaje de Jesucristo significa en cada circunstancia concreta, una verdadera aventura colectiva en la que han participado varias generaciones de estudiantes universitarios y que los ha marcado profundamente. Dar cuenta de esa historia, más precisamente del significado de ella, es el propósito de estas páginas.

ANTECEDENTES

El primer brote intelectual laico católico en este siglo en la universidad surge en San Marcos entre 1923 y 1925; es el grupo Novecientos, que edita una revista del mismo nombre, y que se interesa en lo más avanzado de la cultura del momento. En 1925 es creada la Acción Social de la Juventud, que en su amplio local del jirón de la Unión realiza actividades culturales, religiosas y deportivas. En 1930, un grupo importante en el que se cuentan varios fundadores, se retira de la ASJ, descontento por el carácter superficial y masivo que habían adquirido sus actividades, y constituye el Centro Fides. Al mismo tiempo surge el Centro Católico de Estudiantes que funciona junto a la Universidad Católica, en la plaza Francia, y los centros de Juventud Católica de Barranco, Miraflores, Chorrillos, Callao y Magdalena.

Sobre la base de estos centros se constituye en 1931 la Federación Diocesana de la Juventud Católica que edita el semanario "Verdades" y junto con la organización de estudiantes católicos mexicanos, realizan en 1931 en México una Convención para preparar el I Congreso Iberoamericano de Estudiantes Católicos. Este iba a realizarse en Lima en 1933, pero la amenaza de guerra con Colombia motiva que se lleve a cabo en Roma. Allí se creó la Confederación Iberoamericana de Estudiantes Católicos CIDEC, que entró en contacto con Pax Romana, movimiento internacional de estudiantes e intelectuales católicos. El II Congreso de la CIDEC se realizó en Lima en 1939, y el III y último en Bogotá en 1941. Entretanto, en 1935, se crea la Acción Católica Peruana, que significa el reconocimiento oficial en la iglesia del papel del laico en la evangelización.

LA CREACION DEL MOVIMIENTO

El 25 de agosto de 1941 doce estudiantes universitarios constituyen en Lima el primer grupo de acción católica universitaria, que el año siguiente toma el nombre de Juventud Estudiantil Católica y se extiende a Arequipa, Cusco y Trujillo. En 1943 se realiza la Convención de Estudiantes Católicos, en la que estos grupos deciden asumir el nombre de Unión Nacional de Estudiantes Católicos, y organizarse en dos ramas, masculina y femenina, a semejanza de la Acción Católica.

Ese mismo año se realiza la Primera Comunión Pascual Universitaria, actividad que durante muchos años constituirá un eje central del movimiento en un ambiente universitario que era totalmente laico e incluso anticlerical. La comunión pascual se realizaba todos los años y en las cuatro ciudades donde había centros de UNEC. Era el momento culminante de una serie de actividades preparatorias que se realizaban en las universidades y consistían en charlas, jornadas de estudios, mesas redondas, en las que se procuraba que participaran estudiantes, catedráticos y sacerdotes; también se recurría a los medios de comunicación para ampliar la difusión del mensaje cristiano.

Simultáneamente la UNEC intenta afirmarse institucionalmente y encontrar su perfil propio dentro de la Acción Católica, en la que juega un papel dinámico y activo, como movimiento especializado en la evangelización en la Universidad. Una característica fundamental del movimiento es la vida comunitaria, pues los miembros se reúnen en grupos pequeños donde se reflexiona sobre la fe y sobre la manera de dar testimonio de ella; pronto se iniciarán, con la epístola a los Efesios, los comentarios bíblicos, que tuvieron mucho impacto en los estudiantes. UNEC se preocupa por la formación de sus miembros en doctrina social, filosofía y especialidades profesionales, así como por la profundización de la vida espiritual mediante retiros y misas. Realiza Semanas de Estudios o Convenciones de sus miembros a nivel nacional, la primera en Lima en 1945, y luego en Arequipa en 1947, Lima 1949, Cañete 1951, etc.

También participa en las reuniones internacionales de Pax Romana, como la semana de estudios realizada con la CICEC en Santiago de Chile en 1944, la II Asamblea Interamericana de Universitarios Católicos en Lima en 1946, en la que la UNEC tuvo destacada participación, y el XIX Congreso Mundial de Pax Romana en España en 1946, al que asistió también el P. Juan Landázuri Ricketts, quien luego sería arzobispo de Lima y cardenal, y entonces era asesor del movimiento. UNEC contó entre sus asesores en esos años al P.Eduardo Picher, después arzobispo; al P. José Dammert, luego obispo y actual Presidente de la Conferencia Episcopal, y al P. Gerardo Alarco.

Desde 1946 existen los Consejos Nacionales tanto masculino como femenino. En 1947 comienzan a realizarse reuniones conjuntas de ambos consejos y a alternar entre ambas ramas el ejercicio de la presidencia. En 1948 se unifica la organización, aunque siempre nombrando dos presidentes que se alternan en sus funciones. Se crean centros de UNEC en Huamanga 1959 y en Huancayo en 1960.

La UNEC se preocupa también de una presencia a través de comunicados o pronunciamientos sobre materias o hechos que afectaban la vida universitaria. Sus miembros participan activamente en las actividades y problemas de la universidad, a título personal, y no en nombre del movimiento ni de la Iglesia, buscando evitar que el movimiento sea identificado con una opción política. La UNEC también se interesa en cuestiones que van más allá de los claustros, como por ejemplo la situación de los obreros, creando una escuela de capacitación para obreros que funcionará varios años.

La participación en la UNEC es una intensa experiencia espiritual para muchos estudiantes. El descubrimiento de una manera de vivir la fe, el contacto cercano con la Biblia, la vida comunitaria, dejan una marca que no se borra al salir de la universidad. La preocupación por seguir siendo cristianos los llevará a buscar formas nuevas de ejercicio de la profesión con un espíritu de servicio y se inicia un fecundo contacto con los sectores populares que suscita un continuo avance y va llevando también a un interés en la política como servicio y compromiso de los laicos.

LA UNEC Y LA RENOVACION CONCILIAR

A fines de los años '50 vientos nuevos y poderosos comienzan a suscitar cambios profundos en la Iglesia. Son los tiempos de Juan XXIII y pronto será los tiempos del Concilio Vaticano II. A la UNEC van llegando pocos a poco esos aires de renovación, tanto en la reflexión teológica como en la metodología del movimiento. En esos años regresan al Perú varios sacerdotes surgidos de los grupos estudiantiles católicos y de la UNEC misma, y formados en Europa en las corrientes más avanzadas del pensamiento teológico, bíblico y litúrgico que están en el origen de la renovación conciliar. Al mismo tiempo profundos cambios están ocurriendo en la sociedad peruana y latinoamericana, con las luchas campesinas por la tierra, las migraciones del campo a la ciudad y la formación de barrios marginales, los procesos de industrialización, las luchas contra las dictaduras y las experiencias de transformación política en países como Guatemala y Cuba.

Un primer aspecto del proceso de renovación de UNEC en esos años está en la metodología. Se va introduciendo el método del VER-JUZGAR-ACTUAR, en 1958 con el nombre de método activo o Encuesta, como un método pedagógico eficaz para la acción, y luego en 1960 como Revisión de Vida o Revisión de Hechos de Vida. Como se dice la ya clásica definición, "la Revisión de Vida consiste en examinar en común nuestro 'estar en el mundo' (vida de todos los días: estudiante, hijo de familia, ciudadano) a la luz de nuestro 'no ser del mundo' (condición de hijos de Dios: la vida de fe, esperanza y caridad), con el fin de que toda nuestra vida esté consagrada a la extensión del Reino de Dios".

La intuición que está en el origen de esta metodología es que la acción apostólica parte de la vida y vuelve a ella, intentando juzgarla a la luz de la fe; es una búsqueda de coherencia entre la fe y la vida, una manera de vivir la fe, una verdadera espiritualidad. La formación del cristiano se da en la acción y todo unecista debe asumir su compromiso como laico en el aspecto académico como en el gremial estudiantil, para que su participación en la comunidad tenga significado. La vida de la comunidad recibe con ello un nuevo impulso y contenidos apasionantes. Cada hecho concreto de la vida personal, estudiantil o nacional se vuelve una ocasión de conversión, contiene un mensaje del Señor que se trata de descubrir y poner práctica. La vida espiritual se ve dinamizada y ello se expresa en las reuniones de comunidad dedicadas a la oración, en la participación en los retiros mensuales y anuales, y en la eucaristía semanal que hasta ahora se acostumbra en el movimiento.

No es exagerado decir que quizá lo fundamental de la historia de UNEC se ha debido a esta metodología de la revisión de hechos de vida. Ella ha sido el dinamismo que ha empujado constantemente esa aventura espiritual colectiva hacia el corazón de los acontecimientos históricos y cotidianos, y hacia la Palabra de Dios que se allí vital e interpelante. El mismo efecto tuvo en conjunto de la Iglesia latinoamericana, que la asumió desde Medellín.

Al mismo tiempo tiene lugar una nueva reflexión teológica sobre el ser y la misión del movimiento. La reflexión, sobre todo teológica, ha tenido un papel central en la UNEC y junto con la pedagogía de la revisión de vida, respondiendo a las interrogantes que se encontraban allí alimenta el caminar de esta comunidad cristiana que intenta ser fiel al Evangelio en cada momento histórico.

El P. Gustavo Gutiérrez dio en Lima en junio 1960 y luego en otros lugares del país, una charla titulada "Qué es UNEC". basada en la teología del apostolado laico elaborada por Congar, Rahner, Philips, Chavasse, Spiazzi y otros. Se trata de la teología de la "distinción de planos", que señala que la voluntad salvífica de Dios de expresa en dos niveles o planos distintos aunque no separados: el plano natural humano o temporal en el que se sitúa la construcción de la sociedad, la política y la vida universitaria; y el plano sobrenatural, religioso o de la gracia, donde se ubica la evangelización, la Iglesia y UNEC. Se trataba de afirmar la autonomía de lo temporal y evitar confusiones entre los cristiano y lo político.

La teología de la distinción de planos significa una ruptura con toda perspectiva de cristiandad o nueva cristiandad que pretenda deducir de la fe modelos de sociedad o planteamientos políticos; rechaza la confusión de la fe con una ideología política y la creación de partidos políticos o sindicatos cristianos, como los que impulsaba la corriente social cristiana. Por el contrario, concede mucha importancia a la formación de cristianos maduros y comprometidos, a la educación de una fe personal y libre, a la oración y celebración, a la autonomía de la Iglesia y del movimiento frente a lo político, y al compromiso que todo militante debe asumir como ser humano en la construcción de una sociedad justa, y dentro del que cabe un legítimo pluralismo. Desde esta perspectiva teológica UNEC estuvo entre los pocos grupos eclesiales peruanos que recibieron con interés el Concilio Vaticano II y se sintieron expresados por él en sus perspectivas y búsquedas.

Los años sesenta son un tiempo de mucho estudio en el movimiento. Comienza la serie de los Seminarios Nacionales, que reúnen por varios días unecistas delegados de diversas zonas del país. Entre los temas tratados están la realidad nacional (1962), la Universidad (1963), la política (1964), el movimiento a la luz del Concilio (1965 y 66). También se realizan campamentos durante una o dos semanas durantes las vacaciones de verano, donde se trabajan temas como la mujer en la Biblia (1964), Caridad y amor humano, un estudio bíblico (1965), la pobreza en la Biblia (1966); se llevan a cabo seminarios o cursos sobre las líneas pastorales existentes en la Iglesia y la reflexión teológica que iba surgiendo sobre ellas y jornadas de estudios sobre temas como la Iglesia en el mundo de hoy, la teología católica, la libertad, el psicoanálisis, el humanismo marxista, la separación de la Iglesia y el Estado.

En este contexto se da también un preocupación por brindar a los estudiantes universitarios un espacio de vivencia de la fe que no se reduzca a la actividad anual de la comunión pascual. En 1964 se crea en Lima, y más tarde en otros lugares del país, el Centro Parroquial Universitario, que los domingos ofrece a los estudiantes una bien preparada misa, seguida de desayuno y charlas sobre temas diversos. Luego se organizaron seminarios y ciclos de charlas durante la semana sobre temas como el cristiano y el desarrollo, o un ciclo básico de doctrina cristiana. También se publicaba un boletín semanal con comentarios bíblicos de los textos de la semana, noticias del concilio y la Iglesia peruana y temas de actualidad nacional y universitaria.

La segunda mitad de los '60 es un momento de profundo cuestionamiento. El concilio ha abierto pistas y la realidad social plantea desafíos a la Iglesia en el Perú y en América Latina. La práctica y la reflexión teológica van llevando a la Iglesia, y dentro de ella a UNEC a preguntarse qué significa ser cristiano en una realidad de injusticia, pobreza y muerte y cómo anunciar allí el Evangelio. Así como sacerdotes y religiosas descubren a los pobres a través del trabajo pastoral en las nuevas parroquias creadas en los barrios marginales o en las zonas rurales alejadas, los estudiantes los encuentran en actividades de extensión social universitaria como la alfabetización o tareas de promoción durante las vacaciones. Así miran más allá de la universidad, hacia el país toman conciencia de la urgencia de los problemas sociales y de la necesidad de cambios estructurales y de una acción política en esa perspectiva.

La reflexión teológica acompaña ese proceso fortaleciendo la fe y evitando que pierda relevancia o se reduzca a la esfera privada. El movimiento trabaja con el P. Gustavo Gutiérrez temas de los que surgirá la teología de la liberación: líneas pastorales de la Iglesia (1964 y 65), historia humana e historia de la salvación (1966), fe y compromiso y fe e ideología (1967); la pobreza en la Biblia (curso en el segundo semestre de 1967) planteando la distinción de tres tipos de pobreza: la pobreza material, que es un mal y produce sufrimiento y muerte a grandes mayoría de la humanidad, hoy conscientes y organizadas; la pobreza espiritual como disponibilidad ante Dios o infancia espiritual; y la pobreza como compromiso , como protesta contra la pobreza injusta y solidaridad con los pobres. Son los temas que llevarán a la opción por los pobres en Medellín.

LA OPCION POR LOS POBRES

Es en este tiempo de intensa búsqueda que se da la verdadera preparación de Medellín. UNEC participó activamente en ella primero a través de su actividad evangelizadora, del compromiso de sus militantes y de la reflexión mencionada, y luego más directamente a través de las reuniones de discusión del documento de consulta, tanto a nivel de los movimientos laicos peruanos como en la reunión de nivel latinoamericano convocada en Lima por el Departamento de Laicos del CELAM, presidido entonces por Mons. José Dammert. El seminario Nacional de 1968 estuvo dedicado al estudio de los documentos eclesiales peruanos y latinoamericanos que fueron jalando el camino hacia Medellín. La opción por los pobres allí asumida por la Iglesia latinoamericana fue también una opción vital para el movimiento, paso decisivo en esa aventura espiritual colectiva que esta reseña histórica trata de revivir.

Para UNEC un hito muy significativo es el seminario nacional del año 1970, realizado en Ica, donde toda la búsqueda de los años anteriores se expresa en la opción por los oprimidos y señalan algunas pistas de compromiso: la evangelización liberadora y la construcción de la Iglesia, que va a llevar a muchos unecistas a apoyar el trabajo pastoral con los pobres, sea a través de movimientos apostólicos o de parroquias; la participación personal como laicos en la política, solidaridad con los sectores populares, apoyando su concientización y organización. Esta opción significa un radical replanteamiento del sentido de los estudios, del ejercicio de la profesión que debe estar al servicio de los pobres, y del estilo de vida que conlleva el status profesional, buscando una mayor cercanía y amistad con los que una sociedad injusta como la peruana carecen de lo más elemental. En el terreno de la espiritualidad esta opción es vivida como una verdadera ruptura, como una conversión.

Es el conjunto de este compromiso el que constituye el testimonio evangelizador del movimiento, que entiende que el Evangelio hay que comunicarlo no sólo con palabras sino también con gestos o acciones, con una vida entregada al servicio de los pobres. Que esto es asumido con radicalidad se refleja por ejemplo en un hecho ocurrido en Iquitos el 25 de marzo de 1974. Ese día murió ahogado en una laguna de la localidad de Orellana el unecista Luis Aguilar, cuando trataba de llegar a un caserío campesino en el que había emprendido un trabajo de evangelización liberadora.

Después de Medellín tiene lugar, en enero de 1969, la XXXVI Asamblea Episcopal Peruana que dará un gran impulso a la acción pastoral en la perspectiva de la opción por los pobres. También se abre a la participación de sacerdotes, religiosos y laicos, y allí están activamente presentes los unecistas. En este proceso encuentran a muchos grupos de cristianos, comunidades de base, parroquias, congregaciones religiosas, diócesis, en los que bullía la misma inquietud por la renovación de la Iglesia; con ellos compartirán en los años siguientes el compromiso y la reflexión revitalizando el sentido eclesial que siempre fue muy arraigado en UNEC.

En el aspecto de la metodología del movimiento, a partir de la opción por los pobres y de la plasmación de la teología de la liberación, la revisión de hechos de vida ya no es sólo un método de reunión comunitaria, sino el ritmo de la vida del movimiento, que está permanentemente volcado a discernir en los acontecimientos el llamado del Señor, que se trata de comprender a la luz de la fe. Los campamentos y seminarios nacionales adoptan ellos mismos la metodología de la revisión de vida; hay en ellos momentos de análisis de la realidad, de reflexión teológica, de oración y de decisiones, que van jalonando un itinerario colectivo. Temas significativos en la reflexión de esos años son fe y política, la evangelización, fe y hombre nuevo, la práctica de Jesús, la lectura militante de la Biblia, la espiritualidad.

Estos años significan una enriquecedora y no siempre fácil dialéctica entre la fe alimentada por una permanente profundización en la palabra de Dios, la eucaristía y la reflexión teológica, por una parte, y por otra, la búsqueda de un conocimiento de interpretación de la realidad del país y de los sectores populares a través de las ciencias sociales, así como el descubrimiento del pobre como sujeto, como protagonista de su propia historia de liberación y del anuncio del Evangelio, afirmación que adquiere una lugar central en la perspectiva del movimiento.

En las reuniones del movimiento en 1974 surge una frase que expresa esa experiencia: "fuimos a evangelizar a los pobres y resultamos siendo nosotros también evangelizados". En la relación cercana con los pobres se ve que ellos no son destinatarios pasivos sino activos portadores del evangelio, desde sus sufrimientos y sus esperanzas; esta experiencia no la tienen solo los unecistas, sino muchos otros sectores eclesiales, y por eso que en Puebla se hablará del potencial evangelizador de los pobres.

En todo este proceso se va produciendo un verdadero descubrimiento de la complejidad y riqueza del mundo del pobre. La opción por los pobres no es una decisión abstracta, sino que implica acercarse a personas concretas y tejer con ellas lazos de amistad, compartiendo momentos de dolor y de alegría. Se encuentra a los pobres concretos que pertenecen a culturas marginadas, que sufren el desprecio de una sociedad profundamente racista; se encuentra a las mujeres que sufren una doble opresión, que no son valoradas como personas y muchas veces son maltratadas por sus maridos; a los jóvenes sin trabajo tentados por la delincuencia, la drogadicción o la violencia. Se comprende más profundamente el carácter teocéntrico de la opción por los pobres, es decir, que no se opta por ellos porque son buenos, sino porque Dios los prefiere. Se perciben poco a poco las múltiples dimensiones de la vida del pueblo, la familia y los lazos comunitarios, la fiesta, la religiosidad.

Todo ello lleva por una parte a una mayor profundidad en el conocimiento de la realidad popular, ver que la noción de clase social no basta para comprender a los pobres cada vez más que el proyecto de una nueva sociedad justa y fraterna debe enraizarse en nuestra realidad y no limitarse a repetir modelos dados. Y sobre todo, lleva a que el compromiso signifique no una tarea deducida de una comprensión racional de la historia, sino un vínculo que liga el propio destino al de los pobres y exige una fidelidad que está más acá de las claridades teóricas o de los éxitos y fracasos que en ese camino se puedan encontrar.

En los últimos años de vida del país ha estado marcada por la agudización de la pobreza de las mayorías y el desencadenamiento de la violencia política que ha ensangrentado nuestro país. En este contexto los unecistas han encontrado nuevos desafíos y nuevas formas de compromiso, como son la defensa de la vida y de los derechos humanos, la búsqueda de la paz enraizada en la justicia social, la solidaridad con la lucha de los sectores populares por la sobrevivencia, el acompañamiento a los esfuerzos del pueblo por lograr alimentación, salud, empleo y dignidad. Se produce una revalorización de la importancia de los estudios, que lleva a una verdad heroica tarea de reconstrucción de una Universidad cuya calidad académica se ha visto menguada por la postergación que ha sufrido. Se buscan formas de ejercicio profesional que permitan un aporte en esa perspectiva, por ejemplo en los centros de promoción. También se revitaliza fuertemente la tarea evangelizadora del movimiento en la Universidad.

Los unecistas buscan compartir todos estos descubrimientos y desafíos con sus compañeros universitarios, animando comunidades cristianas en las diversas universidades, promoviendo celebraciones eucarísticas y charlas. Actividades importantes de la UNEC en estos años son los Seminarios Universitarios Hugo Echegaray en Lima o Monseñor Luis Vallejos en Cusco; o, con otros nombres, en diversas ciudades, que hace varios años reúnen a cientos estudiantes ofreciéndoles un espacio de formación y reflexión cristiana. Es importante como parte de esa tarea evangelizadora la participación activa de UNEC en la pastoral juvenil.

La hondura de la opción cristiana asumida en UNEC la hace algo para toda la vida, y no sólo para la etapa universitaria. De allí la frase repetida en esos años como un lema provocador: de UNEC - es decir, del compromiso como cristianos - no se sale. Por eso surgen muchas formas de dar continuidad a esa vivencia eclesial de la fe. A comienzos de los años '80 numerosos profesionales formados en UNEC deciden constituir el Movimiento de Profesionales Católicos, que en 1983 tiene su primer Encuentro. Otros deciden participar en movimientos como los equipos Docentes, o en comunidades de base en sus parroquias, o forman propias comunidades. El hecho es que la huella dejada por UNEC es fuerte y es un referente en los momentos decisivos.

Son muchas ya las generaciones que ha pasado por UNEC, y sin duda serán muchas las que en el futuro encontrarán allí un espacio para crecer en la vida cristiana. La gratitud hacia este movimiento que tanto nos ha dado se debe expresar en el compromiso cada vez más profundo con los dos referentes centrales de la comunidad cristiana: Dios y los pobres. Formar personas comprometidas con Dios y con el pueblo, ése es el aporte fundamental de UNEC. Que sepamos vivirlo con coherencia para que la fe sea significativa en la búsqueda de la justicia y la paz en nuestro país.

UNEC: CINCUENTA AÑOS DE CAMINO
Publicado en Páginas 111, Octubre 1991
Cecilia Tovar