LA VIVENCIA DE LA ESPIRITUALIDAD EN LAS EXPERIENCIAS ESTUDIANTILES SLA MIEC-JECI

Sobre la experiencia de Dios y del seguimiento a Jesucristo no es posible hablar de un modelo singular entre los jóvenes estudiantes, ya que esta es una dimensión de vida que experimenta cada creyente de forma particular. Ella depende del como fue revelada la presencia de Dios en su vida.
Constatamos entre las experiencias estudiantiles una diversidad de expresiones que caracterizan su manera de vivir la espiritualidad. Hay, sin embargo, elementos generales comunes que orientan la espiritualidad de sus comunidades y que dan sentido a un proyecto común, que compartimos entre jóvenes de diferentes países, de diferentes culturas. Les ofrecemos a continuación algunos rasgos de la espiritualidad que nos identifica.

En grandes rasgos...
La experiencia personal

Por lo general es una espiritualidad de constante búsqueda de la verdad de Dios y la necesidad de encontrar el sentido de sus vidas. Es encontrar al Cristo liberador involucrado en medio de los problemas personales.
Muchos jóvenes tienen como primera experiencia conocer a un Dios en medio de la religiosidad popular y con la vida parroquial, por lo que sus expresiones de fe están marcadas por esta realidad.
La oración, los sacramentos y la celebración son espacios importantes donde se explicita la fe de muchos jóvenes. El encuentro con la persona de Jesús se vuelve significativo en sus vidas y le ayuda a madurar como persona.

La experiencia comunitaria y eclesial

La comunidad es un espacio donde se vive intensamente la espiritualidad; un lugar privilegiado para ser interpelado por el Señor y desde el cual se comunica a los demás la alegría de vivir en el Espíritu del Señor.
Es en la comunidad, donde se descubre el verdadero sentido de la vida cristiana y se toma opciones de vida. La comunidad es, sobretodo, una experiencia de encuentro con el Padre desde la problemática estudiantil que permite renovar el compromiso con los estudiantes y los más pobres.
La oración y la vivencia eucarística en la comunidad son una experiencia enriquecedora. Se celebra y se le presenta al Señor de la Vida, los logros y dificultades, los temores y las esperanzas, que tienen los jóvenes estudiantes en su cotidianidad.
La lectura de la Palabra del Señor, desde la vida, es lo que ilumina la vida comunitaria. Su conocimiento y su interpretación motiva a reafirmarnos en la construcción del Reino de Dios.
Toda esta rica experiencia de fe no solamente se queda en la comunidad sino que es también celebrada en comunión con el conjunto de la Iglesia, haciéndonos sentir parte de ella.

La experiencia de compromiso

Nuestra espiritualidad nos lleva también a descubrir constantemente el llamado de Dios en la problemática estudiantil y en la misma sociedad. Dios se hace presente en medio de las alegrías y sufrimientos de su pueblo y nos invita a tomar una actitud concreta hacia ello. Dios llamó a Moisés, Jeremías y a todos los profetas en medio del sufrimiento de su pueblo y hoy nos llama a nosotros en la problemática estudiantil. La metodología de la Revisión de Vida ayuda a descubrir este llamado del Señor. La confrontación con una realidad de pobreza, injusticia y violencia, muy presentes en nuestras sociedades, hace que nuestra experiencia de fe sea continuamente interpelada. Nuestros militantes viven muy intensamente la experiencia de Dios a través de su compromiso.

La experiencia de compromiso es, sobretodo, vivir una espiritualidad que vincula fe y vida; lo que exige a los militantes una actitud de estar siempre atentos a las necesidades que van surgiendo en el mundo estudiantil, sus problemáticas, sus desafíos y sus esperanzas. Esto no consiste en una contemplación desde afuera, sino en vivir la experiencia de Dios en actitudes de entrega y servicio a los demás en vista de la construcción de justicia.

Como estudiantes, constructores del saber, sentimos la necesidad de ponerlo al servicio de los marginados y de los pobres. Es así, que nos identificamos y comprometemos con el proyecto del Reino que se va construyendo.

La exigencia de vivir un compromiso de fe como seguidores de Jesús va marcando un estilo de vida donde la esperanza, la alegría y la gratuidad pasan a hacer parte, como realidad, deseo y desafío, de nuestra vida cotidiana. Esta experiencia de vida no la queremos como exclusiva de la comunidad, sino la queremos capaz de provocar actitudes semejantes entre los estudiantes. Ahí reside uno de los desafíos de la tarea evangelizadora.

Especificando un poco más...

Como experiencias de evangelización estudiantil asumimos algunos elementos que identifican nuestro seguimiento a Jesús en el compromiso con el mundo de la educación y de los estudiantes (universitarios y secundarios). Muchos de esos elementos son compartidos con otras experiencias de la Iglesia latinoamericana, lo que nos fortalece en el sentido de comunión eclesial.

La fe en el Dios de la Vida, que se hace presente en medio de los jóvenes, en su cotidianidad y en todos sus procesos históricos. Su amor preferencial por los pobres nos hace percibir su deseo de Vida en abundancia para todos y nos compromete a construir el proyecto del Reino entre los jóvenes estudiantes.

El seguimiento a Jesús. Él es la fuente que ilumina nuestra espiritualidad juvenil. El encuentro personal y comunitario con Jesús nos alimenta en su seguimiento. Su fidelidad al Padre - su relación cercana con Él - nos motiva a seguirle y a asumir la misión de construir el Reino en medio de los pobres. Como jóvenes estudiantes queremos ser testigos y continuadores de Jesús en nuestro medio específico.

Inculturada y encarnada en la realidad estudiantil. A ejemplo de Jesús que se encarnó dentro una realidad histórica de su pueblo dentro de un contexto cultural, queremos, como jóvenes estudiantes, encarnar el Espíritu de Jesús en el medio estudiantil, asumiendo las expresiones y semillas de Reino ya presentes en la realidad.

Laical. Como jóvenes estudiantes laicos asumimos nuestro protagonismo en la sociedad y en el medio específico en el cual nos desenvolvemos.

Latinoamericana y misionera. El Espíritu del Señor nos llama a asumir la misión evangelizadora del mundo. Como jóvenes estudiantes latinoamericanos queremos identificarnos con nuestra realidad y con nuestra cultura, asumiendo nuestra historia. Ella nos impulsa a la solidaridad, a la esperanza y a la capacidad de hacer fiesta en medio de realidades difíciles. En esta cultura queremos ser testigos de la construcción del Reino y sentirnos enviados a evangelizar a los estudiantes latinoamericanos.

Opción por los pobres. La opción fundamental de Dios y de nuestras experiencias se traduce también en nuestra espiritualidad. Colocar nuestros conocimientos a1 servicio de los pobres, solidarizarnos con sus' aspiraciones y comprometernos con sus proyectos es asumir una opción de vida, que asumimos como sacramento.

Orante y celebrativa. No queremos sólo expresar nuestra espiritualidad mediante las obras. Ella nos exige manifestaciones que expliciten esta vivencia. La oración, la contemplación y la celebración de la presencia del Señor en nuestra vida personal y comunitaria representa la cercanía que tenemos con el Padre. Estos espacios vitalizan y fortalecen nuestro seguimiento a Jesús en el medio estudiantil.

El desafío de profundizar la especificidad en la espiritualidad

Estos son algunos de los elementos que vienen siendo trabajados por las experiencias estudiantiles. Sin embargo, se siente la necesidad de sistematizar los elementos específicos de nuestra vivencia de fe como estudiantes. Nuestra práctica inculturada nos debe ayudar a descubrirlos y, así, ir asumiendo una espiritualidad acorde a la nueva realidad juvenil y estudiantil.

El planteamiento de una espiritualidad laical, principalmente, implica tener una actitud profética al interior de la Iglesia y de la educación católica, cuestionando ciertos modelos de espiritualidad pensados para una vida ascética que, muchas veces, se quieren trasladar y/o imponer a los jóvenes.

Lo fundamental en ese proceso es la experiencia. Compartirlas y celebrarlas es el camino.

*Articulo extraído de la revista SPES Nro 89, 1995, SLA MIECJECI, pg 14-16